Ex Machina: El hombre juega a ser Dios

Ex Machina plantea el siempre apasionante dilema del hombre otorgándose el poder de crear conciencia en seres artificiales. La premisa de Ex – Machina no es nueva y ha sido utilizada en múltiples ocasiones, desde Blade Runner con los replicantes, pasando por los androides de la saga Alien y en literatura, sobre todo con los robots positrónicos de Asimov.

En esta ocasión, Alex Garland nos regala una excelente aproximación, huyendo de efectos especiales y ofreciendo una película intimista, centrada en apenas tres personajes, y donde los inteligentes diálogos y tramas más o menos predecibles, constituyen el peso principal de la cinta.

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SINOPSIS

Ex Machina nos cuenta como Caleb, programador de Bluebook, es elegido para pasar unos días con Nathan, el CEO de la empresa, un genio de la ingeniería que vive recluido en una casa en el bosque a la que sólo se puede acceder con helicóptero. El objetivo de este viaje es evaluar mediante todo tipo de pruebas, incluyendo los test de Turing, al prototipo más avanzado de inteligencia artificial diseñado por Nathan, tratando de discernir si puede suponer el paso definitivo hacia la conciencia humana aplicada a un ser artificial.

Nathan es un ser excéntrico y, como buen genio, narcisista y ególatra en grado máximo, pero sus diálogos con Caleb están cargados de inteligencia, de buscar la opinión de su empleado sobre su última investigación, en este punto, el guion juega bastante al despiste haciendo que despreciemos al personaje desde el principio, focalizando nuestra empatía en el resto de personajes de la mansión.

Y esta investigación no es otra que Ava, un androide con el que tiene que interactuar Caleb, profundizando en su psique y dándole sus conclusiones a Nathan.

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La propia Ava, ya que se trata de una inteligencia artificial implantada en un androide con forma femenina, también va interactuando con Caleb, asumiendo los retos que le va planteando y creando incluso un vínculo con el programador que, incluso, le llega a perturbar, al apreciar unos sentimientos de atracción física entre ambos que no deberían estar presentes en la androide, y en caso de tenerlos, constituiría la prueba inequívoca de que Nathan ha podido crear un ser con conciencia y que es capaz de aprender de las emociones y el entorno.

Lo que al principio podría parecer una simple evaluación, se va convirtiendo en una sibilina manipulación en ambos sentidos, con los protagonistas humanos creyéndose con el poder y mando de la situación, y con una androide que desarrolla su conciencia y sentimiento a un nivel humano.

PERSONAJES

La idea general en Ex Machina es simple, pero lo que engrandece la película es la forma en que está contada, simplificando en entorno y los personajes, pero dotándolos de una fuerza y una profundidad pocas veces vistas en películas del género. La interacción y diálogos de los personajes no dan puntada sin hilo, el espectador se sumerge con gran facilidad en las conversaciones entre ellos y poco a poco va aprendiendo más de cada uno de ellos.

CALEB

Así tenemos a Caleb, el programador agraciado con el premio y al que parece que tenemos que empatizar desde el principio. Es una persona apocada y que incluso antes de su llegada a la mansión de Nathan, se va a ver un poco apabullado por la figura del CEO de Bluebook, un genio en todos los sentidos pero que vive apartado del devenir de su empresa y empleados, creando un aura mística a su alrededor.

Su relación con Ava también tiene este mismo comienzo, se encuentra ante una maravilla de la ingeniería y cuanto más la trata, más la ve avanzar en su conciencia, planteándole objeciones y dudas que poco a poco le hacen plantearse a Caleb su papel en el experimento.

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AVA

La androide creada por Nathan y que Caleb debe poner a prueba sobre su nivel de conciencia humana es, evidentemente, el punta de Ex machina. La creación de un genio que va a tener que aprender de su entorno y de interactuar con otro humano, aprendiendo y comprendiendo si es capaz de desarrollar los sentimientos que nos hacen humanos.

Partiendo de una mente ingenua y risueña, su proceso de aprendizaje va a ir mutando desde la colaboración con Caleb, a unos inquietantes puntos de vista cercanos a la manipulación, dejando al espectador con la sensación de que con el experimento se ha abierto la caja de Pandora.

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NATHAN

Nathan es el genio tras Bluebook, un excéntrico a todos los niveles que vive en una mansión en el bosque, prácticamente inaccesible y que cuenta con unos fabulosos sistemas de seguridad. La mansión está en un paraje idílico, pero no deja de ser un bunker, una cárcel tanto para las criaturas humanas como cibernéticas.

Su obsesión con la seguridad puede parecer al principio la excentricidad llevada a lo máximo o un temor a que su obra pueda ser robada, hasta que entendemos que es justamente lo contrario.

Capaz de recibir a Caleb tras una sesión de boxeo, pasar a una cuasi borrachera continua o a sesiones de baile alocado, nos permiten discernir algún trauma del pasado.

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INTERPRETACIÓN

Los tres actores principales en Ex Machina realizan unos papeles grandiosos, siendo difícil destacar a alguien sobre el resto. Alicia Vikander nos da una visión entre dulce e ingenua de Ava, pero su mirada es inquietante, dando conocer que su camino hacia la conciencia humana está más que adelantado.

Domhnall Gleeson, como Caleb ofrece una imagen de persona tímida, pero en el transcurso de la película, su personaje va asumiendo todo lo que el espectador ve en el desarrollo de la película: sus miedos, temores, simpatía por Ava al principio, pero ¿amor? al final.

Oscar Issac como el genio excéntrico, realiza un trabajo maravilloso, haciendo que, en principio no empaticemos con él y lo tengamos como lo que demuestra ser, un ególatra, pero, sin embargo, sus diálogos y comportamiento cabal detrás de esa máscara de ser engreído, acaban creando un personaje redondo.

Curioso y anecdótico que los dos personajes masculinos compartieran protagonismo poco tiempo después, en la tercera trilogía de Star Wars.

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 EX MACHINA Y LA ARROGANCIA HUMANA

La premisa de Ex Machina es plantearnos que, aunque logremos alcanzar el nivel tecnológico para crear una inteligencia artificial, no deja de ser un juego peligroso con inciertas consecuencias.

Se parte de un reto interesante y excitante, el llegar reproducir la vida en una entidad artificial y, a partir de ahí, moldearla para ser igual de humana que nosotros. El propio Nathan en uno de esos diálogos que nos muestra que detrás de la excentricidad hay un cerebro que analiza todos los puntos de vista, alerta del peligro último, la creación de un ordenador que, al tomar conciencia, se crea superior a sus creadores, el mito de Skynet en Terminator narrado aquí en sus comienzos.

La interacción de Caleb con una androide con rasgos femeninos también es una piedra de toque en el experimento de Nathan, buscando si se produce un sentimiento tan humano como  la atracción entre ambos.

De tal manera que Nathan parece que nos vaya dando pistas tanto al espectador como a Caleb, que parece ser nuestro alter ego en la historia, reaccionando ambos, espectador y Caleb al unísono con todo lo que se nos va mostrando.

También interesante el comportamiento de Nathan con Ava, la ve como una herramienta, tiene el suficiente raciocinio como diferenciar el ser artificial de su presunta humanidad. Ha pasado la “prueba” antes de Caleb y no se deja influenciar por las emociones de Ava, de hecho, las medidas de seguridad y el entorno mismo, están creados para retener la creación más que para impedir cualquier intromisión externa.

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CRÍTICA

Ex Machina es una magnífica película, sobre un tema manido, cierto, pero desde un punto de vista inteligente e inquietante a la vez, alejado de grandes espacios, escenas de acción o CGI, plantea un drama intimista que hace que la empatía del espectador oscile entre los personajes.

De esta forma partimos de la maravilla de ver una creación artificial con consciencia, su proceso de aprendizaje, lo que se intuye que oculta Nathan, su propósito final, el plantearnos si una máquina, aunque tenga cierta racionalidad, no deja de ser una herramienta y está al servicio y capricho de su creador,  finalizando con la asunción de Ava de todo su potencial y aplicando hasta sus últimas consecuencias, varios de los sentimientos humanos y que, como espectadores, apreciamos como inquietantes relacionados con un ser artificial.

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Ex Machina supuso el debut como realizador de Alex Garland, un interesante director con unas propuestas arriesgadas en ciencia ficción. La intención del director es que el espectador se cuestione preguntas tales como que nos hace humanos, si la humanidad es capaz de alcanzar cotas de soberbia tan altas, o si, llegado el caso, un ser artificial con conciencia y sentimientos humanos puede ser considerado humano, un ser a nuestro servicio o, por el contrario, un rival en la propia evolución humana.

P.D. Reciente se ha estrenado otra interesante apuesta de Garland, esta vez una serie, Devs, que continúa profundizando en los límites de la programación y de la manipulación por parte del hombre de magnitudes que se le pueden escapar a su control.

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