Costas Salvajes, vampiros en la India colonial

Costas Salvajes, con su trasfondo vampírico e histórico en la India del siglo XVIII,  ha sido uno de los cómics que mejor sabor de boca me han dejado este pasado 2020. 

La verdad es que Costas Salvajes ha tardado bastante en dejar mi pila de cómics pendientes, pero una vez leído pasa a engrosar el reducido grupo de historias a revisionar periódicamente.

COMIC INDEPENDIENTE

Costas Salvajes está guionizado por Ram V y dibujado por Sumit Kumar, ambos de origen indio, y que han realizado sus pinitos en DC, aunque personalmente no había ojeado nada de ninguno de ellos anteriormente.

Su procedencia hindú, permite dotar a la historia de una atmósfera muy elaborada en cuanto a lugares y personajes históricos, acercándose más a las premisas del cómic europeo.

SINOPSIS

Costas Salvajes nos muestra la historia de un vampiro en el Londres de finales del siglo XVIII que debe huir perseguido por un cazador de vampiros. Sus allegados lo embarcan rumbo a la India, en la zona donde comenzaba a operar la Compañía de las Indias Orientales, en concreto a Calicut.

NOTA: En el texto hay un grave error al confundir todo el rato Calicut con Calcuta. Tanto el contexto histórico como los personajes, lugares e incluso un mapa que aparece, muestran este error.

La llegada de este vampiro y su protección bajo el manto de un la Compañía precisa que éste la ayude con ciertas maniobras políticas durante su estancia en la corte de un joven príncipe.

Pronto, sus instintos depredadores se desatarán, descubriendo tarde y mal que este país nuevo, estas costas salvajes ocultan un horror mayor y más antiguo que pelea por su tierra y sus tradiciones.

COSTAS SALVAJES PORTADA - Costas Salvajes, vampiros en la India colonial

PERSONAJES Y SUS MOTIVACIONES

Con las primeras páginas, podríamos pensar que Alain Pierrefont, el vampiro inglés, es el protagonista, pero pronto veremos que el personaje principal es Bishaan, una especie de guardaespaldas del joven príncipe y que lleva una máscara en todo momento.

Y este giro en el argumento es que hace dar a Costas salvajes un salto de calidad. Asistimos a diferentes charlas entre Bishaan y Kori, una bailarina con la que mantiene una relación y que le pregunta en varias ocasiones su procedencia, contándole cada vez una historia diferente de dioses caídos en desgracia.

Con las primera páginas podemos adivinar la naturaleza de Bishaan, pero no estamos ante un depredador o un vampiro al modo occidental, nos encontramos a un dios, un demonio o la versión que queramos aceptar, aferrado a las costumbres ancestrales, alguien que ha vivido 500 años, según sus palabras, que ha visto pasar reyes y tiranos, pero que, como un árbol viejo, se siente hueco y vacío por dentro, tal vez intuyendo que se encuentra en una época de cambios y que su tiempo está a punto de consumirse.

Otro personaje muy bien desarrollado es el del Khan Sahab, un noble indio que al igual que Bishaan, se aferra a las antiguas tradiciones y trata de impedir, aunque sabiendo que es en vano, que los británicos se hagan con el poder.

En esta primera etapa son todo negociaciones a varias bandas pero el Khan sabe lo inútil de su oposición.

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BÚSQUEDA Y VENGANZA

La aparición en Calicut del cazador de vampiros y del mentor vampírico de Alain, desatan varios acontecimientos, comenzando por el ataque militar británico a los reinos reacios a “cooperar” con un Bishaan que debe elegir su naturaleza y las implicaciones que eso comporta y culminando con un enfrentamiento contar el mentor vampírico, que no por claro y esperado deja de tener sus puntos interesante e inesperados.

DOS CONCEPCIONES DEL MUNDO

Costas Salvajes sabe mostrar tanto a través del guión como del dibujo, dos visiones opuestas del mismo contexto histórico.

Por un lado el colonialismo prepotente tanto de la Compañía de las Indias Orientales como del clan vampírico de Londres, asumiendo que ellos son la parte civilizada frente al salvajismo. 

Enfrente, la tradición hindú, más arraigada en sus costumbres y que ve con desesperanza como los británicos, primero dan un caramelo para acabar tomando el brazo entero.

Como decía, el guión y el dibujo muestran esta dicotomía, más apoyado en el dibujo, con tonos oscuros y nocturnos para el ambiente londinense, y con colores cálidos y brillantes para mostrar el lado hindú.

Es imposible no imbuirse de ambas atmósferas, sobre todo la hindú, con el paso de las viñetas, disfrutando de una opulencia tanto material como natural que parece tener los días contados.

TRAMA EPISTOLAR

Tal vez como homenaje al Drácula original de Bram Stoker, Ram V apoya la historia con cartas que los diversos personajes se van enviando, redondeando la historia y cubriendo huecos. Especialmente las cartas de Bishaan y del príncipe Vikraam merecen una segunda lectura para empaparse de la desesperanza que se muestra en ellas.

CRÍTICA

Costas Salvajes no es sólo una historia sobre vampiros, es una historia que pone frente al lector dos concepciones del mundo con el colonialismo como telón de fondo.

No sólo los tejemanejes de la Compañía para obtener beneficios económicos embaucando a príncipes indios y enfrentándolos entre ellos, si no la altivez aristocrática de los vampiros europeos que se dan de bruces contra un terror más poderoso que ellos, más salvaje y encima en una tierra que no es la suya.

Frente a este avasallamiento europeo nos encontramos a reinos ricos en la India anclados en tradiciones con una forma de vida más sencilla y alejada de la naturaleza depredadora de los conquistadores.

Esta edición integral incorpora los cinco números en una obra muy cuidada, con un dibujo muy detallado y dinámico y un uso magnífico del color a la hora de dotar de atmósfera a cada viñeta.

EPÍLOGO

Hacía tiempo que no leía un cómic con una carga tan profunda de introspección. Los pasajes que tienen como protagonista a Bishaan son una delicia cuando interioriza sus temores, su relación protectora con el príncipe Vikram y sobre todo su amor por Kori, un amor que sabe condenado a fracasar dado el carácter mortal de la bailarina.

Costas Salvajes está trufado de diálogos bien construidos que obligan al lector a pensar y eso siempre es un gran acierto en una obra escrita.

 

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